Las raíces de nuestro magnolio
La primera vez que crucé la puerta del taller de Ani, algo en mi hizo clic. La caminata siguiéndola entre sus obras, me insinuaba que su trabajo tenía una cadencia distinta, una respiración propia: ella, su obra, el espacio y la forma de disponerlo todo, me cautivó por completo. Había una sensibilidad en su manera de hacer casi reverencial al tratar la materia que te obligaba a prestar atención. Desde ese mismo momento supe que quería estar cerca de esa forma de ver el mundo. Ella ya llevaba...